Astérix en los Juegos Olímpicos

-        Año: 2008


Cartel
Argumento:

Tercera entrega cinematográfica en imagen real de Astérix, el irreductible galo creado por Uderzo y Goscinny. Aunque repite Gérard Depardieu en el papel de Obélix, el film no cuenta con la presencia del cómico Christian Clavier, que interpretó a Astérix en las dos partes anteriores. Ha sido sustituido por Clovis Cornillac (Héroes del cielo), al que hasta ahora prácticamente sólo conocen en Francia y que no recuerda ni por asomo al héroe de las viñetas. El ‘notición’ es el regreso al cine de Alain Delon, que aunque ha rodado alguna producción televisiva, está ausente de la gran pantalla desde Los actores (2000). Al veteranísimo actor le ha correspondido encarnar a Julio César.

El argumento toma algunas cosas del cómic homónimo, pero en general la adaptación es bastante libre. Aquí, Alafólix, un joven de la aldea de Astérix, se ha enamorado de la princesa griega Irina, pero el padre de ésta pretende que se case con Bruto, que en esta película, para desesperación de historiadores, es hijo de Julio César. Por una serie de circunstancias, Irina convence a su padre de que debe casarse con alguien valeroso, por lo que le propone que entregue su mano al ganador de los Juegos Olímpicos, a punto de celebrarse. A la competición se presenta Bruto y también Alafólix. A éste le acompañan sus convencinos Astérix, Obélix, el druida Panorámix y el bardo Asurancéturix. Aunque sólo pueden participar los griegos, y de forma excepcional los romanos, Astérix argumenta (curiosamente, esto sí estaba en el cómic) que ellos son teóricamente romanos, pues la Galia ha sido conquistada por Roma, salvo su aldea, claro, que resiste ahora y siempre al invasor.

El amplísimo presupuesto deviene en lujosa ambientación y depara la suficiente espectacularidad en los decorados, así como unos efectos especiales convincentes. De hecho, a nivel visual, recuerda mucho a los cómics, es decir, que han conseguido hacer lo más difícil. También es positivo que se puede interpretar como denuncia de la corrupción en el deporte y apología del juego limpio.

Por desgracia, el humor sutil del guionista Goscinny ha sido sustituido por chistes facilones. Especialmente prescindibles son las frases de Alain Delon tomándose a broma a sí mismo (estilo “soy emperador por mis propios méritos y no le debo nada ni a Rocco, ni a sus hermanos” o “me han dado el César al mejor emperador”). Su autosaludo imperial ‘Ave, moi’ (Ave, yo mismo) está calcado de Ser o no ser, de Lubitsch. Los cameos llegan a resultar agotadores al final, pues cuando todo ha acabado aparecen por allí casualmente Zinedine Zidane, Jamel Debbouze, de nuevo repitiendo su papel de Numérobis, que interpretó en Astérix y Obélix: Misión Cleopatra, y otros personajes que montan una especie de show que no viene a cuento.


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